domingo, 18 de octubre de 2015

Entrevista a Alfredo López



Por José David Medina

Escribir sobre Alfredo es curioso porque muchos pensarán que tendría que ser cauto en mis palabras, es el respeto que infunde aquel que sabe estar en su sitio, me siento por ello afortunado al sentir la libertad absoluta para poder escribir, preguntar, comentar... aquello que crea conveniente sin el mínimo tapujo; son ya algunas historias juntos, muchos fregaos en este “circo porrilla”, incluso es mi jefe.
Aquel que no lo conoce seguro cree que es un tipo serio; lo es, pero en ningún caso como sinónimo de introvertido o reservado. Sabes que contar con él es garantía de dedicación e ilusión, que cada una de sus palabras van acompañadas de una garantía y reflexión. Son de las personas de las que uno puede aprender, porque es difícil encontrar a gente con unos pricipios claros, con una motivación inquebrantable. De esta forma se puede entender que lleve diez años encabezando la Asociación “El Traspunte” o que sea uno de los responsables de este movimiento al que llamamos La Jornada. 
Teatro, pintura, literatura, madera, diseñador, decorador... su casa, su bar, son como extensiones de una mente que no queda saciada con la simpleza de los catálogos de Ikea.

Te has de sentir padre de este grupo, más jóvenes que tú y a los que llevas años viendo crecer como artistas y como personas, ¿crees que el teatro los ha fortalecido en sus personalidades o directamente los ha condenado a una vida bohemia propia de vagos y maleantes?
Ha habido de todo creo, algunos han fortalecido su personalidad o, más que fortalecer, desarrollar parte de su personalidad y otros, claramente se han convertido en bohemios, vagos y maleantes, incluso cabría algún adjetivo más, así tiene que ser un poco la gente del espectáculo ¿no?

Jaime, tu hijo, es el actor más joven del traspunte; sin mucha información me aventuro a decir que incluso de toda la historia escénica de Olvera ¿Qué se siente al ver a tu hijo creer en lo mismo que tú mismo crees?
Me llena de orgullo y satisfacción… ¡ay no, coño, que esto es el discurso de Navidad del rey!, pero a uno se le mete el soniquete en la cabeza, como las canciones estas malas que a todas horas anuncian en televisión como grandes éxitos. En serio, me parece estupendo y pienso alentar cualquier manifestación
artística que quiera emprender.

Cuando te llega algún flipaete, alguien como yo cuando te expliqué la movida esta rara de la Jornada Multicultural, en las que te sueles o te suelen embarcar, tu primer pensamiento,
¿cuál es?:
a) ¿Es que no hay otro “pringao”?, o,
b) Este pobre “pringao” necesita otro “pringao”.
En el caso de la Jornada creo que el primer pensamiento fue: “¿de qué está hablando este colgao?”; y el segundo pensamiento sí creo que fue la opción b) “este pringao necesita otro pringao”. Con el paso del tiempo, es decir, al año siguiente el pensamiento se convirtió en: “¿es que no hay otro pringao?”

¿Cuántas veces has querido estrangular a Orozco?
Ni te las puedes imaginar! Pero hay una cosa que quiero decir en su favor, siempre que lo busques está ahí, dispuesto a embarcarse en cualquier berenjenal.

Al terminar una obra, que no sale como esperabas... ¿qué prefieres, sincerarte o irte directamente a cenar con el grupo y recuperar las ganas?
Prefiero irme con el grupo a cenar, pero no por intentar olvidar lo sucedido, ni por eludir la responsabilidad, sino porque las cosas en caliente no se calibran bien, es mejor dejarlas reposar un poco y
analizarlas con tranquilidad. En realidad pocas veces los espectáculos salen como a uno le gustaría, esto no quiere decir que salgan mal, pero casi siempre son mejorables, o uno piensa que podrían salir mejor.
Va a empezar una obra y las luces no funcionan, sábado por la tarde: el electricista, el concejal, los técnicos... todos casualmente están sin cobertura y la sala está llena: no sé si te suena, ¿se acostumbra uno a esto?
Sí, me suena; me ocurrió en una ocasión, yo mismo tuve que solucionarlo, el espectáculo debe continuar. Uno no se acostumbra, pero es consciente que esas cosas ocurren, aunque parezca increíble.
¿Sabes lo peor del tema qué es? Que le digas a la concejala: “si llegamos a ser de fuera hubiéramos cobrado sin actuar y nos hubiéramos ido”, y te contesten: “si hubieseis sido de fuera habríamos
arreglado la avería, seguro”. Se te queda una cara de tonto y piensas: seremos la última mierda, con perdón.

En diez años han pasado muchos por las filas de El Traspunte, otros han permanecido estos años aguantando junto a t i, ellos mejor que nadie podrían decirnos tus manías, defectos, ¿habláis estas cosas o cada uno acepta que hay que aguantar para que te aguanten?
Defectos, manías, como el que más. Pero a la gente hay que aceptarla como es, no se la puede cambiar, si no te gusta o no te interesa una persona por su forma de ser, la evitas y se acabó.

Te levantas una mañana y, como en un sueño la realidad ha cambiado y no existe El Traspunte; sé que me vas a decir que no te arrepientes de nada y que lo volverías a hacer, pero alguna lección aplicarías ¿no?, ¿o crees que los golpes son necesarios?
Los golpes no son necesarios, son imprescindibles; en ocasiones uno se duerme y un buen golpe es lo único que lo puede despabilar. Pero no sólo en el mundo del espectáculo, en todos los aspectos de la vida, y si no que se lo pregunten a los políticos.

De la misma forma que aprendemos de lo que nos rodea, los que nos rodean aprenden de nosotros; en estos diez años ¿qué resaltarías como aquello que más has aprendido con el trato de esta familia que es El Traspunte, y lo que crees que tú mismo has aportado a este grupo?
He aprendido muchísimas cosas, no sabría destacar ninguna en particular, en todo caso el saber tratar a gente muy distinta. En cuanto qué he aportado yo, deberían contestarlo los demás, desde mi punto de vista creo que cohesión y estabilidad.

Cuando uno valora los resultados de una obra realizada, ¿en qué basas esas valoraciones?
Por encima de todo en la satisfacción de los componentes del grupo por el trabajo realizado, es lo más importante porque no hay que olvidar que esto para nosotros es un entretenimiento, una diversión.

¿En alguna actuación has jurado que era la última?
Sinceramente aún no, de algunas sales más contento y con las fuerzas renovadas, y de otras algo más descontento, pero jamás con ganas de abandonar.

Teatro de todo tipo, monólogos, poesía, cortometraje... ¿dónde están los límites de El Traspunte?
Soy de la opinión de que no existen los límites, el límite es la imaginación y ésta no tiene.

Dirección, realización, creáis los decorados, la iluminación, cartelería... ¿Autogestión como filosofía o no hay más remedio que guisarlo y comerlo?
A mí en particular lo de la autogestión me encanta, me parece la mejor fórmula de trabajo, de todas formas si quieres hacer algo no hay otro remedio.

Después de diez años, ¿te quedas más con el trabajo realizado o con el que está por hacer?

Siempre con el que está por hacer, nuevos proyectos, cosas distintas, por supuesto siempre. Pero eso no es un menoscabo hacia el trabajo realizado, ni mucho menos, pero lo hecho, hecho está, no tiene vuelta atrás.

Entrevista extraída de la Revista Cultural La Jornada 2009

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